jueves, 29 de enero de 2009

¿ La fama, el olvido o el desconocimiento?



Corría el 19 de enero. La tarde estaba fría y el cielo acusaba nubes que escondían al sol, pero no amenazaban lluvias. Ya habíamos salido tarde del hotel. Era nuestro cuarto día de recorridas a los parques de Disney Orlando.
Decidimos recorrer los “Disney Estudios”. Luego de quince minutos de viaje arribamos al lugar. Seguíamos deslumbradas por todo lo que se nos ofrecía a nuestra vista. Las ansiedad de lo que podíamos encontrar, sin saber que era, solo imaginando, eran muy altas.
El parque estaba lleno de gente. Por momentos no se podía caminar y el frío era fuerte. Engañadas por una falsa temperatura consultada en la red por Internet, no teníamos la ropa adecuada para afrontar ese frío, pero el entusiasmo era fuerte, nos hacía olvidar de nuestro frío.
Habíamos recorrido varios estudios de filmación, visto recreaciones de ciudades y gozado de algunos juegos.
Lo mejor de la tarde lo constituyo un espectáculo a lo “hollywood”, con extras de riesgo, carreras de autos, tiros, lanchas y muchos efectos especiales, recreando la película “ Ronin”.
Había durado bastante, por lo tanto el siguiente lugar obligado una vez dejadas las gradas del anfiteatro, fue el baño. Allí se produjo el encuentro. Reconozco que no soy adicta a los “famosos” y estoy bastante lejos del mundillo de la “farándula”, pero lo cierto es que no podía ser tan bruta para no reconocerla. El rostro me resultaba familiar. Espere a que saliera mi hija del baño, que tiene alta afinidad por el mundillo del arte, para consultarle quien era y si era quien yo pensaba. Me lo confirmó. Para no quedar en dudas salí afuera para ver al otro integrante de la pareja y ya nada más había que decir. Para resguardar su intimidad no voy a dar los nombres de la familia de “ famosos argentinos“, solo algunos datos para identificarlos, él fue actor entre otros éxitos, en la novela “Montecristo” y ella, la vemos en la tira de “Socias” de la televisión argentina.
Eso sí, allí no había paparazzis, por lo tanto era una familia más, como tantas otras, que disfrutaban del paseo.
Ese anonimato les permitía estar relajados y disfrutar en familia, tal cual como son en la vida de todos los días, fuera de la imagen que hay que vender para que el televidente la compre.
Mientras me alejaba de ellos pensaba ¡que bueno que aún no perdieran la sencillez de ser personas comunes y disfrutar de las cosas simples de la vida sin creerse famosos!. Mi hija no resistió el capturarlos con la cámara de fotos y disimuladamente les saco fotos.

miércoles, 28 de enero de 2009

¿Integración, indiferencia o culpa?

(No se publicaran fotos)
Habían pasado diez años desde mi primer viaje a Estados Unidos. A decir verdad ambos viajes fueron por motivos y a lugares diferentes dentro del país del Norte. El primero fue en el año 1999 cuando los argentinos gozábamos de la convertibilidad cambiaría que emparejaba ambas monedas. La razón por la cual visité ese país fue educativa, aunque también recreativa. La visita en este año solo tuvo motivos recreativos.
Para aquellos entonces me recibió un país que se encontraba gozando del “sueño americano”. País en abierta batalla social y judicial en contra del tabaco. Situación extraña cuando no pueden controlar o eliminar la droga, que por cierto presenta más toxicidad. Había abundancia económica.
Comparada la actualidad, debemos ser honestos en decir que le ganaron la batalla al tabaco y que es una sociedad libre de humo, por lo menos en los espacios públicos, pero con la sociedad más decadente porque la droga que ha aumentado y otros problemas han comenzado a salir a luz . El sueño americano tampoco es el mismo. Fui testigo de la desocupación, fundamentalmente de extranjeros y de los controles estrictos para que no ingresen, ni se radiquen extranjeros, pero no vi indigencia en las calles por los lugares que he recorrido.
Con el transcurso de tiempo también verifique otro flagelo que no era tan evidente en 1999: la obesidad mórbida en la población. Esto tiene que ver con el motivo de mi nota. Estados Unidos es un territorio muy grande, todo queda lejos, por lo tanto quién no tiene un vehículo perece en el intento. Los medios de transportes públicos son dignos de ser utilizados por las personas. En ellos nos trasportábamos diariamente para hacer nuestros paseos. Por lo tanto mi nota se relaciona con ellos y con su uso por personas con capacidades móviles reducidas. Cabe acotar que los vehículos públicos, los lugares públicos, las calles están totalmente diseñadas para que personas con capacidad diferente puedan transitar y desplazarse sin ningún inconveniente y gozar de los mismos espectáculos o lugares como cualquier otra persona. Significativo fue ser testigo, en más de una ocasión, como un chofer de un vehículo público cerraba la puerta del transporte para evitar que subieran pasajeros, abrir la puerta del medio, jalar el mecanismo automatizado de rampas para que subieran en primer lugar las personas con capacidad diferente, ya sea en sillas de rueda o carros movidos por electricidad. El chofer invirtió el tiempo necesario para todo este proceso. Luego aseguraba los transportes de estos pasajeros y una vez acomodado en su butaca de chofer, recién abría la puerta para que subieran los restantes pasajeros. Mientras todo este proceso se llevaba a cabo, los pasajeros (entre los cuales estábamos incluidos) esperábamos pacientemente con temperaturas bajo cero, sin que nadie se impacientara. Estas prioridades se repetían si estas personas querían acceder a algún juego (nuestro viaje fue a Disney, Orlando), entrar en un restaurante o baño público. Indudablemente que este respeto e integración ennoblece a la sociedad norteamericana, por el solo hecho de cumplir con lo que le corresponde. No pude evitar reflexionar sobre esto y evitar comparar con lo que pasa en nuestra sociedad, fue casi imposible, pero no viene al caso explicarlo. El núcleo en cuestión era ver que capacidad diferente estaba protegida y beneficiada por este trato igualitario. Por cierto que no vi muchas. La gran mayoría de la capacidad diferente de personas con las que me he cruzado eran aquellas que tenían impedimento para deambular por sus propios medios como consecuencia de su gordura mórbida. Extrapolo que otras capacidades diferentes tendrán ese grado de integración, pero no he sido testigo. Hemos llegado al punto clave de la nota y lo que más me impacto, la gordura extrema de personas adultas y niños. La razón de tal situación: la mala alimentación y la cantidad de ingesta, agregado la falta de ejercicio. En más de un caso, las dos personas que realizamos el viaje, no pudimos terminar una comida típica compartida.
Note ausencia del estado en todos sus niveles frente a este tema. Cuando fue la campaña contra el tabaquismo, carteles y medios audiovisuales por todos lados, concientizando sobre los peligros del tabaco, pero no vi la misma respuesta ante este problema, por el contrario silencio absoluto. Por lo tanto ¿es tal la integración? ¿o es más bien ofrecer paliativos materiales para sobrellevar la situación?. Finalmente creo, a partir del interrogante planteado en el título de esta nota, que lo que reina en la sociedad norteamericana y en la ausencia del estado sobre el tema es la indiferencia y la falta de conciencia de que en un plazo no muy largo, la mayoría de la sociedad norteamericana será enferma y trasmitirán la enfermedad. Entonces, desgraciadamente el norte y el sur se unirán, unos por generar sociedades hambrientas y desnutridas y los otros por generar sociedades mal nutridas donde el índice de mortalidad va a subir, y en el fondo de la cuestión, el estado ausente.

martes, 13 de enero de 2009

CRÓNICAS PARISINAS II










Llegamos al punto de encuentro. Allí nos esperaba nuestra guía local y anfitrión. Tenía cara de cansado, lógica consecuencia después de un día de trabajo. Por el contrario, nosotros irradiábamos energía, felicidad y alegría. Pensar en este paseo nos renovaba el espíritu aventurero. Nuestro entusiasmo fue contagioso, logramos sacarle una sonrisa y distenderlo. Los tres comenzamos a caminar por la rivera del Sena rumbo hacia el embarcadero donde salían los lanchones para hacer la excursión. Mientras caminábamos me sorprendió ver a un señor pescando. Descubrí que a su río lo tenían totalmente saneado y limpio, sin contaminación y todos los cuidaban. Me parecía un cuento de fantasía, imposible, comparando con nuestro mal trecho Riachuelo. Pero no era posible y en una ciudad tan populosa como es París. Recordemos que el río va rodeando toda la ciudad. Mientras conversábamos sobre esto, nos fuimos acercando a nuestra nave. El lanchón (así lo denomino, pero creo que debe tener otro nombre técnico), tenía capacidad por lo menos para doscientas personas, distribuidas en dos pisos al aire libre. Mientras nos acomodamos, la tarde comenzaba a cambiar de color. El sol se iba acercando hacia el horizonte y la ciudad se pintaba de un tinte especial. Cambiaban los olores. Todo se iba preparando para la noche.
Había alegría por doquier arriba del barco. Nuestros compañeros de viaje eran de diferentes nacionales, pero la mayoría de ellos europeos. Me sorprendió la alegría de los italianos, hacían la excursión en grupo. Muchas familias españolas y los más aislados eran argelinos. Fuimos aconsejados viajar en la planta alta, y no fue en vano el consejo, la vista era espectacular.
El coloso de metal zarpó. Comenzó a deslizarse lentamente por las aguas del río. Otra vez recorríamos la ciudad desde otro lugar y otra vez la vista de la ciudad era diferente. El río iba asumiendo un color plata con dorado a medida que avanzamos. Pudimos apreciar los puentes, hermosas obras de arte. Sin embargo otras misceláneas cautivaron mi atención. A la vera del río había anclados barcos viejos, perfectamente cuidados, con jardines, perros, bicicletas. Muchos bohemios habían cambiados sus casas por estas flotantes y disfrutaban del atardecer en el Sena. Después cruzamos varios barcos que realizaban cenas románticas a la luz de la luna por el Sena. ¡Quién podría resistirse a una declaración de amor bajo esas circunstancias y en ese lugar! No pude dejar que mi mente vagara imaginando esas escenas. Mientras tanto en nuestro barco sonaba una agradable melodía en francés con una base de soul. Seguíamos nuestra ruta y de pronto cruzamos otro barco en cuyo interior se festejaba un casamiento y todos los comensales ataviados como tales. El sol cada vez se veía menos, y nos dirigíamos hacia la réplica de la Estatua de la Libertad, realizado por el mismo escultor que realizó la de New York. La imagen final para el cierre de este viaje fue el sol reflejado sobre el agua, iluminando apenas a la torre Eiffel y en el otro ángulo en claros oscuros, la estatua de la libertad. En nuestra vuelta, la ciudad nos iba prendiendo sus luces a medida que íbamos avanzando. ¡Que decir!!¡¡ La ciudad luz es bellísima de noche!! Las parejas caminaban por su vera, despacio saboreando la luz tenue de los faroles que con sus curvas distraían el romance de ellos.
El paseo por el río finalizó. Sin embargo la noche era templada, diáfana e invitaba a seguir disfrutando de la ciudad. Antes de cenar fuimos a disfrutar del espectáculo de agua y luces en los jardines de la torre Eiffel, a caminar por la avenida del arco del triunfo y luego a cenar. No se porque pero mientras realizábamos este recorrido, despacio llenado nuestras retinas con este espectáculo, pensaba en Astor Piázzola.
Nos fuimos a cenar a un bonito lugar, recomendado y con típicas comidas francesas, que por cierto disfruté ampliamente con un buen vino, lástima mi acompañante, quién es joven y aún sin refinar sus gustos culinarios, no lo disfrutó de la misma manera. Nuestra día concluía y nos fuimos a dormir felices del día disfrutado. Pero cada día prometía mejor, al siguiente teníamos preparado un viaje a la historia y a transportarnos a las épocas imperiales, de reyes y cuentos de alcoba, íbamos a recorrer castillos sobre el Sena y el río Loire.

Proteger nuestra tierra

Bastante asiduamente me llega email sobre los intereses foráneos que buscan instalarse en las tierras del sur de América para obtener aprovechamientos mineros y devastar riquezas. No son desconocidos los movimientos que circulan por la red en carácter de protesta y y las acciones reales de los posibles perjudicados ante la indiferencia gubernamental, en el mejor de los casos, o en oposición a decisiones políticas destructivas del medio ambiente. Aún suena en la memoria de los ciudadanos las protestas del pueblo de Esquel por la posibilidad de radicar en esa zona la explotación de minas a cielo abierto. En igual criterio se sumó el pueblo barilochense en otro intento y en Ushuaia lo mismo. El combate por seguir la explotación sudamericana y sus riquezas aún no termina, solo que cambiamos de colonizador y los espejitos de colores por grandes negocios para pocos con la perdida de lo más importante que es nuestra tierra, nuestra única casa, por ahora. Aún los medios de comunicación no han difundido esta noticia, pero se ha conocido por medio de la red, sobre el interés de capitales norteamericanos de obtener licencia para explotar en la región chilena de Río de Toro, cercano a los glaciares estrecho y amarillo, casi en límite con Argentina, la extracción de oro, plata y otro metales. Esta tarea se va a llevar a cabo en territorio chileno. Geográficamente la zona se ubica al sur de Chile. Para realizar esta tarea, al margen de producir la contaminación de toda la región incluido el río, se deben destruir los glaciares, pues estas riquezas metalíferas se encuentran debajo de ello. En todos lo encuentros ambientalistas mundiales las recomendaciones son contundentes; los cambios climáticos pronostican poca vida al planeta de seguir en este camino y la disminución de las reservas de agua dulce cada vez son menores . El motivo del nombre de esta blog esta relacionado con este recurso y la imagén del glaciar es significativa .¿Pues entonces como es posible entender esta locura?. No hay forma de entender, solo de oponerse. Ojala las conciencias séan cada vez más, al igual que las voces de oposición y podamos preservar nuestra casa de la mejor forma.

¿Porque no retomarlo?

A veces soy nostálgica de aquellas cosas que se han perdido con el nuevo siglo y quizás un poco antes. Aquellas pequeñas cosas que formaron a más de una generación y que nos hacía bien, que eran parte de la argentinidad, de "nuestro ser argentino" y el de nuestros abuelos aunque no hubieren nacido en tierra argentina. No paso tanto tiempo cronólogico, sin embargo hoy lo contamos a las nuevas generaciones como folclore, como acciones que nos hacían felices y mejores personas. Claudia me lo envío en un email y creo que es para que todos los que nos sentimos identificados nos comprometamos para poder retomar muchas de esas costumbres.

Marcha San Lorenzo
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domingo, 11 de enero de 2009

Crónicas Parisinas






Corría Julio de 2007. Nos levantamos temprano. Hacía solo unos días que habíamos arribado a la ciudad y nos esperaba un montón de descubrimientos y poco tiempo para quedarnos.
Desde el ventanal del departamento se podía ver las intersecciones de las dos esquinas en donde estaba ubicado. Nos encontrábamos en la calle Rue Eric Tabarly de la ciudad de Massy, cercano a París. Poco transito todavía, por lo tanto se podía apreciar las prolijas decoraciones realizadas en plantas, que eran recortadas formando figuras de animales perfectamente delimitadas. Todos desayunamos, pero teníamos destinos diferentes. Sin embargo dejamos el lugar y acompañamos al dueño de casa unas cuadras (se iba a trabajar, trabaja solo a muy pocas cuadras de su departamento) y nosotras seguimos viaje rumbo a vivir las aventuras que el día nos depararía en las calles de París. La despedida fue sencilla, pues habíamos acordado terminar el día todos juntos y cenando en París.
Nos dirigimos hacia la estación de Massy para esperar nuestro metro hacia la ciudad luz.
Fue una sensación agradable mezclarnos con personas muy diferentes a nosotros y con un lenguaje también diferente.
El tren salió puntual, viajamos cómodamente sentadas, y pocos usuarios parados. Disfrutaba profundamente este interculturalismo. Mientras observaba el exterior por el que nos íbamos alejando, también observaba a las personas que me rodeaban. Pronto pasamos por la estación internacional de los trenes bala que comunican con toda Europa. Era impactante ver esas moles de acero, pensadas aerodinámicamente para que puedan desarrollar velocidades de más de 320 Km. por hora. Se veía a las personas esperando en los andenes con sus bolsos o maletas prontos a abordar el tren que los llevaría a destino. La estación quedó atrás. De pronto los paisajes de casas amplias con jardines con hermosos estilos arquitectónicos, propios de las construcciones de 1920 0 30 en nuestro país, fue dejando lugar a construcciones más pequeñas y amontonadas, propias de las grandes urbes. Las estaciones se iban sucediendo y el exterior iba perdiendo importancia en mi interés, por lo que me focalice en el interior. Aún faltaba para llegar a la estación Notre Dame, punto clave de ensamble para todas las partes de París, que se encuentra dividida en áreas.
Quienes nos acompañaban, representaban diferentes razas y culturas. Los había nativos parisinos, extranjeros europeos, africanos y paquistaníes, entre otros. Los contrastes occidentales y orientales eran totalmente marcados, desde las vestimentas hasta las costumbres pasando por la socialización. Algo centro mi atención, el respeto que imperaba entre todos los pasajeros. Respeto que no implicaba interrelación, solo a mantener los espacios. Ya casi estábamos llegando, y una familia hindú capto mi atención.
El niño más pequeño de la familia (alrededor de cuatro años) clavo sus ojos negros en mi persona. De pronto me di la vuelta, sentí su mirada y me sonrió. ¡Que maravilla, pensé, no tenemos igual lenguaje pero igual nos pudimos comunicar! Cuando su madre advirtió la situación, temeroso corrió al niño de su lado. La historia quedó trunca, pues ya llegábamos, sin embargo el niño voltio su cabecita para mover su mano en señal de saludo, le respondí de la misma manera. Se abrieron las puertas del metro y un mundanal de personas se cruzaban por todos lados. Realmente era necesario un mapa de las líneas para no perderse. Al fin y al cabo tan complicado no fue pues solo teníamos que salir al exterior. De pronto el aire parisino, el ruido de la ciudad y la imponente catedral de Notre Dame ante nuestro ojos. Las piernas se me aflojaron, me parecía un sueño estar allí, fue un largo y soñado deseo. ¡Y ahí estaba, la ciudad a mis pies! Mi piel se inundó de sus olores y de sus sonidos. No tardé mucho en darme cuenta que era mi lugar en el mundo, me había atrapado de pies a cabeza. Mi acompañante me preguntaba para donde íbamos, pero no la escuchaba, todos mis sentidos se estaban inundando de esa ciudad. La verdad no había lugares específicos, solo era recorrerla. En días posteriores tendríamos un recorrido más ordenado. Comencé a mirar sus edificios, lo bello de sus arquitecturas, sus trabajos ornamentales de sus puertas o frentes, a sentir en mis pies los adoquines de sus calles, a mirar a su gente. Ver los gorriones y asociar a Edith Piaf. Fue caminar por la rivera del Sena y ver a los bohemios artistas ofrecer su arte y contemplarlos trabajando. Ver a su gente caminando sin apuro conversando animosa. Detenerme a mirar a las personas sentadas en los bares todas en una hilera alabando al sol y tratando de tomar un poco de sus rayos (es verano pero la temperatura no es superior a los 20 grados y el sol debilucho).
Seguimos recorriendo lugares. Fuimos al museo de Madame Pompidur. El estilo posmoderno de este museo eclipsa. Pasado el mediodía buscamos un lugar donde almorzar. El barcito elegido era pequeño y acogedor. Poca gente, casi todos extranjeros y algunos lugareños. No queríamos perder la oportunidad de probar los baguettes franceses, acompañado con cerveza alemana para mi y para mi acompañante, gaseosa.
Estábamos disfrutando de un almuerzo y se nos acerco una señora italiana muy amable preguntándome si la podía ayudar e indicarle cual era la orientación para llegar hasta el museo del Louvre. Mientras miraba el mapa por mi cabeza pasaba de que forma nos íbamos a comunicar, yo no sabía italiano, presumía que la señora no sabía español, solo quedaba que supiera ingles. Todos mis cálculos fallaron, solo sabía italiano. Allí descubrí otra cosa, el lenguaje de señas es tan válido como cualquier otro lenguaje y por cierto mucho más efectivo, me entendió muy bien.
Acabo nuestro almuerzo, pero previo deliberamos con mi acompañante como iba a seguir el tour. Había dudas, podría ser el museo del Louvre o las galerías La fállete. Definimos por el segundo. Preferimos caminar para seguir empapándonos de París. De pronto yo que era la guía me encontré con que me había perdido. Recurrimos a un policía que enfundado en un típico traje parisino de autoridad, muy amablemente escucho nuestra solicitud. Por cierto que mi francés es bastante lastimoso, algo mejor mi inglés. Creo que esta autoridad del orden comprendió mi falencia y lo empezó a disfrutar, no entendía mi champurreado y mal hablado francés. Desistí y retome mi dialogo en ingles. Vaya sorpresa, fue una ofensa. Comprendí que no había mucha simpatía entre franceses e ingleses y el esfuerzo que hasta ahora había manifestado por entenderme de golpe se desvaneció. Sabía que me había entendido perfectamente, pero lo tomo como una ofensa que le hablará en inglés, aunque yo fuera una extranjera. No me quedaban muchas alternativas. En un intento desesperado le hable en castellano y se aflojaron las tensiones y hasta me sonrió. ¡No solo logré que me orientara, sino que accedió a sacarse una foto con nosotros!
Llegamos a nuestro destino. Al ingresar la expresión fue buhahhhh! El edificio impactaba por donde se lo mirara. El refinamiento y el buen gusto era la relación inversamente proporcional que reinaba en el lugar. Una exquisita armonía entre este edificio histórico y las tiendas montadas en el lugar. Eso si solo disfrutar el lugar, los precios prohibidos para un proletario de la tiza como soy yo.
Se estaba acabando la tarde. El teléfono sonó. Nuestro anfitrión había concluido su jornada laboral y nos esperaba en un determinado lugar para comenzar una nueva aventura; un viaje por el Río Sena al caer la tarde. Esta aventura será para un nuevo relato.

para saborear despacio como el buen vino