viernes, 12 de abril de 2013

Cuentos no tan cuentos, relatos de la vida cotidiana.Odisea en primera persona para recuperar dinero en tarjeta sube desmagnetizada, la confiscación encubierta

Tengo que confesar, que la puesta en funcionamiento de la tarjeta sube para viajar en transporte público la recibí con alegría, aplaudí la idea, pues venia a terminar con el flagelo autodestructivo que implicaba cada día poder conseguir monedas para viajar en el transporte publico, que funcionaba y aún hoy también con máquinas tragamonedas. Al menos el padecimiento diario para viajar en el transporte público, se aliviaba en algo, aunque aumentaba en la pésima forma de ser trasportados, pues el sistema de transporte público no se codea con los del primer mundo. Sin embargo el encanto mágico que producía en mi persona dicha tarjeta, duro poco. Primero fue el costo de la tarjeta para obtenerla, sumado a la pérdida de tiempo Largas colas para muñirse del plástico azul. Para adquirirla, hubo que abonar $ 15. Luego la discriminación en el valor del viaje. Los importes variaban ya fueran que se realizaran con o sin tarjeta SUBE. Así comenzaron los primeros desencantos y nacieron las primeras inquietudes; ¿ y si la tarjeta SUBE no me funciona tengo que pagar mucho más el viaje? Así es, así me paso Mi tarjeta, en perfecto estado (aún la conservo, como puede verse aquí retratada) que por esas razones del mas allá, por que en el acá no hay respuesta, dejo de funcionar. Paso por todo tipo de expertos, ninguno pudo explicar la causa, mas allá de del común veredicto; había perdido su imantación y los lectores no podían procesar la tarjeta. A partir de allí empezó el calvario. Munida de paciencia celestial, el proceso comenzó con un llamado telefónico al número que figura en la parte posterior de la tarjeta SUBE. Cabe aclarar, que a pesar de no ser información pública, solo por intuición, había entrado en la página WEB de la tarjeta y la registré a mi nombre. Este acto intuitivo fue de gran utilidad al empezar la odisea de recuperar el saldo de la tarjeta inutilizada. Volvamos al llamado telefónico, habían transcurrido cinco intentos, (y eso que dicen respecto a que el tercer intento es el vencido, en este caso no lo fue), puedo lograr establecer la comunicación. El alma volvió al cuerpo, rápidamente pensé, me atienden rápido y me puedo ir a trabajar, pero no fue así. La agradable vos grabada empezó a guiarme con códigos para ingresar con tanta información que había que estar ágil de mente y rapidez para no perecer en el intento. Con toda la información requerida por un momento me trasponle hacia interpol, pensando que era quienes me interrogaban. Al fin, airosa y orgullosa pase la primera prueba, respiraba aliviada, el premio mayor era a “aguarde que será atendido" los minutos seguían pasando, ya llevaba diez desde que empezó la comunicación, no podía desistir, tenia que seguir resistiendo. Cada minuto aparecía la vos de mas allá que decía" aguarde todos los operadores están ocupados “, finalmente el milagro comunicacional se produjo a los veinte minutos. Una voz femenina, amable me dice soy...¿ En que puedo ayudarlo? Confieso que a esas alturas y con un humor que iba cambiando por la perdida de tiempo, hubiera preferido una sensual voz masculina que al menos alimentara los ratones cerebrales y apaciguara el mal humor, pero no fue posible, sin embargo hice todos los esfuerzos por ser amable, por que así correspondía con mi interlocutor. Bien, entablamos el dialogo y la operadora me comienza a informar sobre los pasos a seguir Eran tantos que tuve que solicitar un impase para pedir lápiz y papel para anotar. Primero era dar de baja la tarjeta defectuosa para inhabilitarla. Bueno al menos eso lo logré dentro de la conversación. Primer paso dado, obtengo un número por dicho trámite. Después vino la sorpresa, no era trasladable en forma automática el saldo de la tarjeta inhabilitada. ¿Como era esto posible? Esto era una confiscación encubierta transitoria. Hasta que efectivamente se acreditara el saldo el estado estaba ganando dinero con mi dinero (por supuesto, sin pagarme interés). Esto lisa y llanamente implicaba perjuicio para mi patrimonio y violaba, mis derechos constitucionales como ciudadano. No podía salir de mi asombro, no solo no podía recuperar mi dinero sino, que además tendría que comprar otra tarjeta, erogar $15,0, esperar diez días hábiles para concurrir en persona a un centro habilitado a que me realizaran en forma on line el traslado del crédito a otra tarjeta sube, previo haber recibido un email confirmando esta autorización y con un mensaje acompañado que decía que la validez del crédito era solo por tres meses. Si no llegará a recibir el email salvador, debería realizar por teléfono, nuevamente todo el trámite. Sistema perverso total. Entre tanta desazón el email salvador para seguir participando en la siguiente rueda (recuperar mi dinero de la tarjeta SUBE dañada) llegó dentro del plazo establecido. En resumidas cuentas para recuperar mi dinero en el tiempo en que el estado quiera, debería invertir igual o más dinero que el saldo el saldo existente en la tarjeta inhabilitada Podrá comprender el lector, parece este relato, una historia de ciencia ficción, pero no lo es. Es una historia auténtica. Aun falta agregar un detalle. Todos estos hechos ocurrieron antes de semana santa en Argentina, lo que prorrogo más los plazos, pues cinco días fueron feriados y la Administración Pública funciona en días hábiles, en horario de 8 am a 14 pm. En forma preventiva compre la nueva tarjeta, una vez inhabilitada la anterior. Por supuesto tuve que adecuar la jornada laboral para realizar el tramite de obtener la nueva tarjeta, que una vez adquirida, setenta y dos horas posteriores hábiles se podía registrar mediante la pagina web de la tarjeta sube, para que de esta forma el crédito pendiente se computara al nuevo plástico azul. Cabe destacar que en medio de este engorroso trámite administrativo tenía que abonar los viajes a mayor valor. Considerando que el mínimo con la tarjeta SUBE es de $ 1,50, sin ella paso a ser de $ 2,00 o 2,25, según la empresa. Por el desempeño laboral que realizo, viajó varias veces al día y por distancias superiores a las contempladas en la tarifa mínima. Pues entonces el perjuicio pasó a ser daño importante patrimonial, por una cuestión totalmente ajena a mi persona. En tan buenas condiciones estaba la tarjeta que era para publicarla en cuadro de honor, pero ni servía más. Todo esto pasaba por mi cabeza al mismo tiempo que terminaba la conversación con la operadora. Pacientemente espere el plazo para realizar el trámite personal para recuperar mi crédito. Ya había logrado registrar la nueva tarjeta. A estas alturas ante de seguir con la narración de la segunda parte de esta historia perversa y que pega al más débil, a pesar que la publicidad política diga lo contrario, amerita otra reflexión. Indudablemente cualquier usuario que padezca tal situación, común que ocurra, literalmente queda sin poder transportarse sino tiene un capital importante para hacerlo. Suma sencilla, pagar más importe en el boleto al no tener la tarjeta SUBE, hasta su adquisición y registración, previo cargar nuevo crédito, abonar $ 15,0 para la reposición, pagar los minutos de conexión de teléfono e internet para hacer el trámite y finalmente erogar en traslados hasta un centro SUBE para recuperar el saldo a mi favor. Tal ecuación demuestra que dicha tarjeta no es accesible para los sectores más vulnerables de la sociedad, los que más la necesitan. Volviendo al relato, llegado el día, previo resolver el horario de trabajo, concurrí al centro sube asignado, que no se encontraba cerca de mi domicilio, ni de mi ciudad. Llegue a la dirección indicada, pero no tenia la numeración visible para poder identificar el sitio. La solidaridad vecinal me orientó para llegar felizmente al lugar. El trámite se realizaba en un centro municipal vecinal de Burzaco. En la puerta de entrada en un costado estaba el cartel identificatorio como centro SUBE en un tamaño reducido, no apto para personas con poca visión. Significa entonces, que el centro de atención personalizado de SUBE se encontraba dentro de las instalaciones municipales de la localidad de Burzaco. Ya era demasiado el tiempo perdido sin que todavía resolviera el cometido encomendado. Finalmente y para abreviar los dos únicos empleados para los trámites Sube, uno con un post para cobrar y el otro para resolver cuestiones como las que a mi me motivaron concurrir al lugar no eran suficientes para la demanda que se presentaba de personas presentes. Aguardo con paciencia mi turno de atención. Siempre quedaba la ilusión que la odisea se terminaba, pero los insondables caminos ofrecen sorpresas. Me fui sin poder obtener mi crédito, a esta altura del relato, el lector que aun sigue la historia, se preguntara ¿que más le puede pasar? Un empleado desde algún lugar remoto bloqueó el sistema por error, cuando estaban realizando la recarga en la tarjeta y la operación se abortó e infructuosos fueron los intentos posteriores. Nada que hacer, la respuesta fue simple, indiferente, vuelva otro día, fue la sentencia corta y contundente del empleado. En esos momentos la mansedumbre a medias dio lugar a la indignación. Demasiado maltrato. Desdeñado esfuerzo realizó el empleado para ofrecer una nueva solución. La respuesta fue “intente en otro centro Sube” y en un papel aparecieron direcciones, alejadas del lugar en donde me encontraba. Jugados hasta el final, luego de atravesar medio territorio del conurbano bonaerense, llegue a otro centro sube, con identificación accesible y diferente predisposición por parte de los empleados. Final feliz. La recorrida en búsqueda de mi crédito había comenzado a las 8 am y la solución cercana a las 2 pm. Todo este relato trasciende el relato del hecho, descansa en el fondo de los aconteciendo, los derechos personales vapuleados ante el avasallamiento del estado, la vulnerabilidad del que menos tiene, en suma la pérdida del sentido del bien común. En estos días convulsivos, en donde las cámaras en tiempos abreviados buscan sancionar leyes a la medida de las necesidades de pocos por encima del bien de todos, este relato conlleva a la reflexión, que los países que se desarrollan, amplían los derechos y protecciones por medio de leyes y no por el contrario disminuirlos o quitarlos. El proyecto de ley que modifica la producción de medidas cautelares contra el estado, cuando ejemplos como el relatado, tristemente abundan, es poner al ciudadano tan indefenso frente al estado, omnipotente, que olvida en muchos casos, el daño y el perjuicio de todo tipo que produce. A menos protecciones legislativas para los ciudadanos, tragedias que no se olvidan como Amia, Embajada de Israel, Cromañón, la tragedia de Once y las trágicas inundaciones recientes, muestran las debilidades estatales Por otra parte, si quienes gobiernan, no tienen mesura, sentido cabal de su función y se enferman de poder, el destino de los ciudadanos se transforma en débil como la historia lo ha demostrado .Todo comenzaba con la perdida de los derechos de los ciudadanos frente al estado.

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